martes, 13 de mayo de 2008

Arde la poesía

Eduardo Chirinos, extraordinario poeta peruano que nos visitó el pasado año, recordó en un pequeño articulito que ha publicado en estos días La Opinión de Granada en un especial sobre los cinco años de Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada, el episodio que tras la reconquista cristiana de Granada se produjo en la Plaza de Bib-Rambla, cuando por orden de la Inquisición se quemaron miles de libros y en ese fuego de intolerancia ardió tanta saber acumulado en siglos. Esa misma plaza que fue testigo de la intolerancia de los vencedores hoy ha servido para que las personas libro, inspiradas en Fahrenheit 451, la novela de Bradbury en la que también ardían los libros, hayan recitado poemas de Ángel González.
Algo debe tener la literatura cuando en tantas épocas han querido reducirla a cenizas:

QIN Shí Huangdi, el emperador que unificó China hace 2.200 años, ordenó quemar todos los libros antíguos, a excepción de los tratados de agricultura, farmacia y el arte de la adivinación, con el objeto de eliminar cualquier rastro de pensamiento anterior a él.

CUANDO ascendió al poder en los últimos años del siglo X, el visir Ibn Abí Amir al-Mansur purgó y quemó en Córdoba la famosa biblioteca del Califa al-Hakam II, una de las más valiosas del mundo medieval, como una manera de eliminar los libros considerados herejes por los eruditos religiosos.

EN la plaza Bib-Rambla de Granada tuvo lugar en el año 1500 una quema pública de libros musulmanes, suceso ordenado por el cardenal Cisneros, que pretendía con ello reducir a cenizas la memoria de la cultura islámica de España.

TRAS la colonización de América, y con la finalidad de borrar la historia escrita de la cultura indígena, fray Diego de Landa arrojó al fuego cientos de libros mayas. La fechoría tuvo lugar en el año 1500, an Maní de Yucatán.

EN 1888, en Río de Janeiro, el emperador Pedro II arrojó a las llamas la documentación sobre la práctica de la esclavitud en Brasil, para reducir a cenizas siglos de historia escrita de la infamia negrera.

EN mayo de 1933, en las plazas de numerosas ciudades alemanas, se quemaron públicamente los libros de los escritores judíos o sospechosos de tener ideas políticas de izquierdas. Era una demostración del ideal nazi de unificar el pensamieto del pueblo alemán.

LOS militares argentinos quemaron en 1983 la documentación que probaba los crímenes cometidos durante los ocho años de dictadura. Una vez más, el fuego servía parpa ocultar la memoria de la maldad.

EN 1992, durante la guerra de Bosnia, los ultra-nacionalistas serbios incendiaron la célebre biblioteca de Sarajevo. Además de destruir un extraordinario patrimonio arquitectónico, se arruinó el símbolo máximo de la cultura plural y la convivencia pacífica de los distintos pueblos y regiones del país.

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